Uno de los fines de un museo es educar, y para educar hay que ser riguroso en los planteamientos. Esto es válido tanto referido a los escolares como a los adultos. Por ello, no es posible hablar de Historia de la navegación si no es desde una perspectiva abierta; lo contrario sería una deformación, por no decir un engaño.
En consecuencia, este Museo Marítimo de Asturias, aún siendo un museo regional, acoge en las salas que dedica a resumir la Historia de la navegación, barcos de muchas nacionalidades: españoles, por supuesto; pero también griegos, daneses, portugueses, franceses, holandeses, ingleses,… y así hasta un número superior a veinte países diferentes. Se muestran barcos que permitieron descubrir, explorar y conectar mundos distantes; otros que se dedicaron al intercambio comercial; y también otros que sirvieron para hacer la guerra, la piratería o el tráfico de esclavos. Es una lección de la Historia que tenemos que asumir, y de la que tenemos que aprender.
Así pues, con esta exposición, en la que se destacan barcos de casi todos los países costeros europeos, el Museo Marítimo de Asturias quiere mostrar su vocación de museo abierto, y más concretamente europeísta e integrador. Y si se realiza ahora no es por casualidad, sino para colaborar con la afortunada circunstancia de la Presidencia española de la Unión Europea y el 25 aniversario de la firma por España del Tratado de Adhesión.
